lunes, 9 de noviembre de 2009

AMNESIA

No recuerdo para nada ese sonido casi musical que me arrullaba palabras de amor.
Ni lo profundo de ese abismo negro que me miraba y me tocaba con preguntas delimitando toda una burbuja en la que tomábamos mate y nos diferenciábamos del mundo.
Para nada.
Fue hace tiempo.
Mucho menos recuerdo la araña que se me clavó en el pecho desde que nos dejamos de mirar cuerpo a cuerpo, (lo que se llama fin o pequeña muerte).
Fue en ese tiempo en el que me di cuenta que las arañas tienen uñas, porque cada noche terminaba toda rasguñada y lo notaba al lavarme los dientes mirándome al espejo.
Digo araña porque es por dentro y no se nota. Menos mal que no se nota, menos mal que no me acuerdo. Porque está igual de grande, igual de gorda y quedó anclada ahí, como de souvenir, desde que nos decidimos morir.

Intenté quitármela con mil artilugios y hoy sé que no se puede, que fue perder el tiempo. Lo único que debí haber hecho desde el comienzo fue trabar lazos amistosos con la araña y hasta limarle las uñas todo caso o hacerle servicios de pedicuría. Igual no importa porque no lo recuerdo.
Menos recuerdo el día en que le robé un beso a plena luz e hice comenzar todo, en ese bar cerca del Malva lleno de gente invisible a su lado y que había llegado a la cita con un bon o bon, menos.

Y entonces vivo feliz con mi marido, solos los dos, porque no recuerdo a nadie, y lo quiero como si fuese el único hombre en la tierra porque de él me olvidé. Todo esto que no recuerdo no existe y vivo feliz. Ni siquiera conservo el mínimo rastro de aquel famoso bombón de chocolate, negro. Ni de aquel beso iniciador como ya dije, ni la mínima esperanza de que vuelva a tocarme el timbre o de llamarme al celular, para nada.
No recuerdo ninguna de esas esperanzas.
Y si bien la araña me sigue rasguñando, ya se siente como parte de mi anatomía y no me hace acordar al olvido que he tejido de él en todo este tiempo en que amo a otro.

No lo recuerdo.

Sólo en sueños que olvido apenas despierto.

7 comentarios:

-Pato- dijo...

El no recuerdo constante pesa tanto como la memoria densa. Termina siendo como una piedrita en el zapato que no te deja caminar.

Muy bueno el texto.

Besos y nervios amnésicos?

:)

TORO SALVAJE dijo...

Para no recordar cada palabra sangra.
Qué dolor más escondido y negado.

Besos.

Malvada Bruja del Norte dijo...

Guau! Karina...es tremendo, y fíjate me imagino a la prota madurita, que la vida le dio una oportunidad para vivir, para no negarse, para que se diera cuenta, que a las arañas no se las engaña haciendo la pedicura ni trabando amistad con ellas, ni tampoco se las pisotea y mata...Las arañas nos dan hilos para que hagamos que dancemos, para que hagamos equilibrios en la cuerda, para que le exprimamos a la vida TODO el JUGO.

Bezzitos!

Fero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
karina dijo...

Decidí agregar otro tipo de pecera a mi mostrador de acuarios. Creo que esto marca una mirada más integral que puede significarme salud. No he estado absolutamente sana. Todo este tiempo ha sido para mí crítico y recién ahora surgen palabras que intentan hacer emerger el cambio, que se ve, me está ocurriendo. Se dice que las cosas son de un modo o de otro, ahora me ocurre que me veo en el otro modo.

Paso a explicar.

Mis acuarios consistían en distintas posibilidades integradoras de las diferentes variables de vínculos que mi cabeza reconocía y necesitaba.

Había uno rosa y uno negro en primer lugar.

La idea fija de fusión, la complementariedad de lo incompatible, fantasía imposible a la que me negaba a renunciar.
Bien. Primer conflicto emergente. La dualidad ambivalente irresuelta. Lo que se llama proponer una situación dilemática. Somos distintos y siempre nos corretearemos sin llegar a nada. Así será siempre, sonaba en murmullo mi amigo invisible o mi otro yo, aleas “Chuqui”.
Alguien decía, “los amantes no se encontrarán nunca, porque se albergan en sí mismos”. Puesto que cada uno es para el otro sólo su deseo de fusión proyectado en el otro y albergado en su propio mundo interno, es que el encuentro resulta imposible. Lo que se encuentra es la realidad y eso destrona la fusión, (y a veces el creído enamoramiento) lo que si no se elabora te lleva a buscarla indefinidamente. Eso me pasaba a mí.

Segunda posibilidad.

Cinco pececitos rosas.

Todos iguales, triste, aburrido, a esto me confinaba al no encontrar la eterna fusión que creía existía. Mi decepción era inmensa, pues el mundo era para mí, lo que quieren hacer de nosotros y nosotros nos dejamos hacer. La reproducción de sujetos iguales, no autónomos, no cuestionadores, que coinciden en todo y reproducen el sistema conveniente, por supuesto híbrido, sin posibilidad de fusión. Triste, siempre me lo pareció.

Tercera.Veamos.

Dos rosas!!! Vaya opción, la famosísima anulación de la otredad. Otro igual a mí es invisibilizarlo, es elegir más que a otro a nadie, a un igual que representa un pacto de silencio en la divergencia. Incompletud siempre. Sigue la tristeza.

Cuarta.

He metido ocho rosas y uno negro. Evidentemente la ausencia del negro me terminó amargando y decidí incluirlo. Intolerable me parecía la existencia sin desafío. Pero puse UNO, sólo uno, entonces caigo en la cuenta de que esa soy yo, siempre sintiéndome distinta y sola, aún rebelde contra la idea de renunciar a la fusión, revoloteando por ahí como una interferencia constante. Errante, paria, extranjera. Triste papel el que me adjudicaba, al cual me confinaba, triste, siempre tristeza.

Quinta y final del viejo tiempo.

Casi al pie y desadvertida, caigo en la cuenta en este instante, que este proceso razonador que estuve llevando a cabo hasta el presente, me dejaba sola.

Alienada esta vez en rosa nado sobre la nada blanca.

Hoy la pecera que sumo es la de todos los colores. Pierdo la estética y hago un collage con todos los matices. Así veo el esperpento actual. Lo diviso como realidad, como campo de tensiones en donde todo queda por articular y empiezo otra etapa, en donde la visión integradora abre los ojos a la amplitud y a la belleza de la complejidad de lo diferente y cierro estas puertas que han canalizado un proceso tan mío y tan privado que sólo sirve para el estudio de la confusión, en el mejor de los caos.

Adios.

Me mudo a un espacio blanco que permite la afloración de todos los colores. Desierto atrás se llama porque renuncio a la soledad que con mis pensamientos me decretaba. Paradójicamente renuncio a la soledad renunciando al principio de fusión, de unidad y con él a mi omnipotencia.
Su paso por ahora será este espacio que fue el escalón que me permitió encontrar esta segunda puerta que abro al mundo.

La letra, mi herramienta siempre, mi memoria.

Gracias a todos.

Karina

Codorníu dijo...

Sigo aquí, como la garza blanca, invisible en el campo cubierto de nieve. Mi tiempo -ahora- es de semillas enterradas.

Te leo, no lo dudes.

Un beso, amiga.
Codorníu

juliet dijo...

Y yo Karina,siempre te leo también, tan unida, tan parecida a ti, me siento tan identificada con todo lo que escribes que a veces me asusta.
Es formidable la facilidad con que comunicas amiga, yo ahora mismo estoy en un lugar muy negro.
Te abrazo
calma