miércoles, 30 de septiembre de 2009

Hipótesis de si las flores mueren y cuando

Estaba deshojando los pétalos secos del ramo de campanitas sobre el jarrón del living. Era la hora mágica, esa que dura un rato antes del anochecer. Intentaba sacarlos enteros y los arrojaba al tacho de basura sin apretarlos. Sostenía el tallo con delicadeza y tironeaba hacia abajo. Disfrutaba sostener su no peso en ese rato que le duraban sobre la palma. Había soportado la tarea como hipnotizada.
Miró el reloj, miró el tacho. Recién ahí tuvo noción del tiempo. Contemplar la sumatoria de hojas secas acumuladas fue más contundente que constatar que el minutero del reloj había avanzado
media hora, estaba casi lleno.
Fue ahí que sonó el teléfono.
Una estocada semejante a la caída de un trueno le hizo vibrar sus músculos orgánicamente a la par del timbre, y las hojas secas más cercanas a la superficie del tacho se derramaron del impacto. Toda ella era como un susto simbronando sin base.
Primero miró el derrame, después saltó del sillón como alejándose del epicentro sonoro. Reconoció la taquicardia acostumbrada ante la desestabilización.
Creía que no esperaba nada. Creía que nada iba a ocurrir aquella tarde. Hacía largos meses que sostenía su cotidianidad rechazando cuanta amenaza de imprevistos pudiese evitar. El teléfono insistía, claro que podría ser su madre proponiendo otra vez el almuerzo del domingo que desde hace tres semanas venía postergando, aunque también podría ser él, aún después de tanto tiempo bien que podría ser él, pensó.

Su fantasma venía presenciándola con contundencia últimamente. Lo presentía. Por ejemplo hace un momento, al arrancar cada pétalo seco había tenido la sensación de sostener en su palma pequeños cadáveres de diferentes partes de él, con el mismo no peso que le pesaban sus no caricias o su no voz. Cuando por el desorden de la confusión que todo le produjo, aprisionó debajo de su sandalia una porción de hojas secas escuchó el leve crujir de sus partes ya nítido y casi le dolió. Creyó poder resistir la tentación de atender estoica, atenta al exacto monto de insistencia que estaba dispuesto hacer sonar el teléfono, puesto que no tenía contestador, eso creyó.

Una brisa magenta entró por la ventana y le llevó los ojos dramáticos hacia el atardecer. También voló las flores secas del piso y las dejó más extendidas. También crujieron en un murmullo de película. Su cobardía la revolvía adentro con una estaca. Casi podía verlo extendiéndose a través del cable y presentándose en su casa. Estaba segura. Segura de no atender, segura de que era él. Sólo tenía una duda en forma de sensación, que la interrogaba acerca de su vida postergada, oculta tras ese velo de sentir que su hora había pasado. La duda de si iba a poder perdonarse alguna vez, como reflejo en la ventana, mirándola.

Atendió.

A veces la monotonía es tan amenazante que no se deja tolerar.

Le llevó el brazo, dice. No habló, ni cortó. No tuvo reacción más que la de un mutismo hondo.

Las hojas se acomodaban mientras en hileras curvas con el viento y cambiaban de formas.

Se escuchó el destiempo del otro lado cortando, ella cree que sintió un aliento pero se confunde con el sonido del viento, no está segura. Siguió aferrada al tubo de plástico, viendo a través del túnel negro, cero, hueco, un rato; el silencio como una caverna infinita capaz de milagros. Pero no. Destiempo, pensó.
Todas las flores estaban secas, fue un error separar los gajos, habría que haber tirado el ramo entero, no tenían vida, sólo perfume, un hondo perfume a muerte, pensó. No había porque hacer durar las cosas más de lo que duran en sí.

Cuando colgó el tubo lo hizo como escribiendo la absurda palabra fin al capítulo de su cuerpo, sabiendo que jamás podría renunciar a su fantasma. Había un tosco empecinamiento en no darle otra chance, en castigarlo severamente con hasta el mínimo gesto. Incluso tenía la certeza que se presentaba en sus sueños y operaba sobre él atosigándolo de una culpa irremediable. Nada de ésto la gratificaba, claro.

Comenzó a barrer esas hojas que casi le ocupaban el living completo, minúsculamente esparcidas, volátiles. Por cada barrida caían varias a la pala pero otras varias volvían a esparcirse. Las malditas cosas pequeñas son las más endemoniadas de acabar, pensó. Lo minúsculo queda atorado en cualquier sitio y ante la estúpida manía de mantener limpia nuestra conciencia, lo sucio por más mínimo que sea, se hace evidente con una calidad extremadamente grotesca.
Todas las grietas de la cerámica estaban impregnadas de hojas muertas, aún bellas de muertas, nada más poético se le vino a la mente.
¿Por qué una flor seca seguiría siendo bella?, se preguntó.
Y se quedó pensando un rato en la extraña cualidad que tienen las flores cuando mueren, si es que mueren. Si es que sólo las mata la memoria, o qué.

¿Por qué una hoja de otoño se resquebraja al pisarla por ejemplo y una flor queda asolapada entre las páginas preferidas de un libro hasta varias vidas? ¿cuándo es que mueren y cómo, o dónde?, si es que eso pasa. Si es que morir es quedarse anudado a la mejor parte, adentro, entre tantas, ahí, rozada por las mejores palabras. ¿Es así morir? ¿Cuándo pasa? ¿Qué parte muere? ¿Cuándo y cómo?, si puede ¿Puede?

11 comentarios:

karina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
karina dijo...

Amigos de por acá: anduve ocupada y rumbeando hacia otros bordes, todavía estoy en eso, pero espero ponerme al día con sus textos que extraño en mis antiguas rutinas de tardes tranquilas con mate que ya no vienen. Les mando a todos un beso y siempre gracias.

karina

TORO SALVAJE dijo...

Está bien, con un regalo como éste no hay nada que objetar.
Si, las flores muertas son bellas, en cambio los humanos no tanto verdad?

Besos.

-Pato- dijo...

Kari este escrito es magnífico, lo he podido ver y sentir.
¿Es esto un pequeño mundo dentro de otro pequeño mundo, dentro de otro pequeño mundo...y así?
Belleza pura, como una flor seca.

Gracias, nos vemos!
Besos.

calma dijo...

Magnífico Karina, es un texto brillante, esas hojas muertas huelen a otoño, pocas cosas tan bellas como su color.
Me ha recordado una canción francesa que se titula Les feuilles mortes (Jaques Prévert)

# Las hojas muertas
# je voudrais tant que tu te souviennes Oh, quisiera tanto que tú te acordaras
# Des jours heureux, où nous étions amis. De los días felices en que eramos amigos
# En ce temps-là la vie était plus belle, En aquel tiempo, la vida era más bella
# Et le soleil plus brûlant qu'aujourd'hui. Y el sol más ardiente que el de hoy
# Les feuilles mortes se ramassent à la pelle Las hojas muertas se recogen con las palas .
# Tu vois, je n'ai pas oublié.. Tu ves? Yo no he olvidado... .
# Les feuilles mortes se ramassent à la pelle Las hojas muertas se recogen con las palas ..
# Les souvenirs et les regrets aussi Los recuerdos y los pesares también
# Et le vent du nord les emporte Y el viento del norte las traslada
# Dans la nuit froide de l'oubli. Hacia la noche fría del olvido
# Tu vois, je n'ai pas oublié Tu ves? Yo no he olvidado... .
# La chanson que tu me chantais. La canción que tu me cantabas
# C’est une chanson qui nous ressemble Esta es una canción que nos une
# Toi, tu m'aimais et je t'aimais Tu me amabas , y yo te amaba
# nous vivions tous nosotros vivíamos
# les deux ensemble, Los dos juntos
# Toi qui m'aimais, moi qui t'aimais. Yo que te amaba, tú que me amabas
# Mais la vie sépare ceux qui s'aiment, Pero la vida separa a los que se aman
# Tout doucement, sans faire de bruit Muy suavemente, sin hacer ruido
# Et la mer efface sur le sable Y el mar borra sobre la arena
# Les pas des amants désunis. El paso de los amantes desunidos.

Un beso grande y estate tranquila aunque no puedas pasar por nuestras casas yo por lo menos, siempre te tengo presente, ven cuando puedas. Sé feliz, es lo que me importa.

karina dijo...

Qué hermoso regalo, cómo me gustaría saber francés para pronunciarlo con esa música que me enamora, Calma!
Gracias.

calma dijo...

De nada Karina, la música no tiene idioma,simplemente escúchala y siéntela.
Abrazo grande

Codorníu dijo...

Muy bello, Karina. Por aquí andamos ya en otoño. Barramos, pues, amiga.
Entiendo lo que dices, lo que preguntas al final. Aunque es una belleza triste.

Un beso.

Malvada Bruja del Norte dijo...

Horacio dixit:

"Al final de la rosa, sólo nos queda el nombre"

Fero dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fero dijo...
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