jueves, 27 de agosto de 2009

UNO

Yo quiero escuchar el timbre y correr por el pasillo a abrirte caminando para que no te des cuenta, guardarme esa risa congénita que me viene cuando te pienso y verte y que me explote en la boca lo mismo, aunque no quiera, que traigas biscochitos de grasa, preguntarte y que me digas cómo estás, sentirme mal si no me decís todo lo que quiero escuchar, dudarte, besarte igual.
Que me grites si abro el agua y se te enfría la ducha. Que me pidas que descuelgue la bombacha de la canilla, darte la taolla, secar lo mojado del baño aunque no me haya bañado, agarrar el secador, el trapo y limpiarlo. Que me reproches haberme olvidado de comprar flan.
Cambiar los muebles de lado, prepararme, desear que llegues, desearte, lavarme los dientes para vos, sorprenderte con el sillón bordó en el medio, ponerme perfume y esperarte, aunque siempre llegues más tarde de lo que decís, que me de esa taquicardia que me da cuando te veo, esperarte, aunque reviente de ganas de putearte de todo lo que tardás y se me despinten los labios de tomar todo el líquido que tomo esperándote, y verte y que no me den ni ganas de preguntarte nada de cómo me mirás, acariciarte, abanicarte todo el verano si se rompe el ventilador, masajearte la espalda y que vengas.
Contarte a la mañana temprano los sueños, que me cuentes el libro que estás leyendo, que vayamos al cine a ver las de ciencia ficción, comprarte cigarrillos, traerte helado, que estés conmigo, escuchar tus pasos.
Que pongas el lavarropas, que me preguntes si quiero meter algo.
Que me destapes a la noche, que te rías, que ronques.
Que riegues las plantas cuando se te antoja, no importa si yo ya las regué, regalas todas las veces que quieras, ahogalas si querés, pero regalas si te gusta y yo mirarte por la ventana del patio, que dejes todo mojado, que peles las papas para el puré y hagas todo ese quilombo de ruido que hacés y yo escucharte, mientras baldeo el patio, que sienta que estás ahí, cortando, pelando, que pongas la música que más te guste y hagas mucho ruido, todo el que quieras, así hay más sonidos que no sean sólo míos, no sólo tan míos, siempre los mismos de tanto yo y tan quietos, siendo tan poco solos, como poemas que nadie leyó.

6 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

... como poemas que nadie leyó.
Esos son los sonidos más tristes que hay.
Tan cotidianos y tan solitarios.
Mejor que vengan los otros y los exilien.

Besos.

Codorníu dijo...

Como ser sordo. Yo no lo soy, pero lo entiendo muy parecido a una realidad donde sólo nos sentimos rodeados por nuestros sonidos.

Ésos que de tan familiares, se vuelven imperceptibles.

Mejor, todo lo que cuentas antes.

Un beso.

-Pato- dijo...

Qué diferentes son los sonidos del otro, qué cargados de emoción y de sustento, qué entrañables se vuelven los sonidos mas comunes, los mas escuchados, cuando sólo escuchamos el sonido propio, el de uno.

Genial Kari, genial.
Besos.

Malvada Bruja del Norte dijo...

"Yo quiero escuchar el timbre y correr por el pasillo a abrirte caminando para que no te des cuenta, guardarme esa risa congénita que me viene cuando te pienso y verte y que me explote en la boca lo mismo, aunque no quiera..."

Y al final correr y que el otro te escuche, y al final entender, que da igual que ahogue las plantas, que nos reproche que no hemos comprado flan, que llegue más tarde porque se entretuvo explicando el tercer gol que marcó su equipo...Entender al OTRO, es en realidad ser menos YO y más NOSOTROS.

¡Genial! Karina, por lo que dices y lo que no dices.

Besos de domingo.

calma dijo...

Se te nota en la mirada y en el alma que late por ese amor, te veo entregada para lo bueno y lo malo, el amor en plenitud, a tope, ojalá eso que quieres se cumpla Karina, tan sólo sea por esa intensidad que derrochas.
Cariños

karina dijo...

Gracias Calma por tu cultivo de palabras por mi jardín.

Un gran beso