sábado, 11 de julio de 2009

MUESTRA DE FOTOS

Había un lustrabotas mirando pasar miles de piernas en zapatillas fuera de foco. Desconcertado. Un linyera de piernas mutiladas tapadas con bolsas de supermercado sentado en su silla al lado de un cartel norteamericano que decía la felicidad es posible. Caras de mujeres en primer plano con expresiones inéditas que resultaban estar haciendo levantamiento de pesas. Una bicicleta caída, salpicada de nieve o de ceniza de volcán en una tierra en donde nevar no existe y los volcanes transitan la existencia en silencio. Había la fotografía de asesinos sueltos, o presos en sus mansiones de lujo tras torturar sin arrepentimiento. Amenazadores, levantando el bastón, ya viejos, altaneros, defendiendo sus inescrupulosos principios aún hoy, sin llegar a pronunciar perdón. Las caras de las madres y abuelas de las víctimas tantos años después, viendo, llorando, escribiendo en sus puertas, a la salida de sus cárceles hipócritas. Una partera guatemalteca trepando un muro de cemento para llegar a una casa insalubre donde hacer dar a luz y en la foto siguiente a la beba ensangrentada entre sus brazos curtidos. El tren fotografiado a la hora pico y un espectador como yo diciéndole a otro de zapatos caros, claro que se viaja así, claro, y el otro que no sabía nada y que no. El mundo es así, bizarro, injusto. Hay jóvenes europeos que podrían vivir en Suiza, por ejemplo, pero se quedan en Latinoamérica dónde hay tanto para hacer. Les da vida, creatividad. Y es verdad que hay mucho por hacer. Había un fotógrafo que fue por Latinoamérica sacándoles fotos a hombres desnudos identificándolos sólo con sus oficios. Había un boliviano neonazi agarrado a su perro que dejaba ver sus adornos de esvásticas ordenados en una repisa. Había un gomero apoyado sobre una rueda de auto con su sexo colgando como una hoja de árbol, un hombre de mar sentado sobre su bote, un coya que tenía un poncho que le llegaba al ombligo, malabaristas maquillados, músicos vestidos de su instrumento, albañiles salpicados de su cal y estaba yo necesitando mi birome, buscando en la cartera y advirtiendo que la había olvidado, diciéndome por lo bajo que ésto no debería volverme a suceder, preguntándome cual será mi oficio, queriendo garabatear mis impresiones, apuntar mis cosas, sellar en palabras todo eso que miraba, la desnudez masculina desexuada, la desnudez que mostraba a la persona desprovista de sus adornos, lo superfluo corrido, su animalidad o su almedad, imaginando la escena de cómo el fotógrafo pedía a esos hombres que posaran desprovistos de tanto, viendo en el brillo de sus ojos su actitud ante sí mismos. Queriendo contar de cómo veía la identidad forjada por el hacer de sus actos, de cómo un militar retirado seguía cargando esa actitud amenazante y de cómo el botero parecía tener un cuerpo transparente, hecho de poesía. Y de cómo los que se sirven de sus trajes, desnudos, parecían ser un poco menos lo que eran y los que no los necesitaban, un poco más. De las intensidades que un hacer refleja en la piel, de las líneas de tensiones que esculpen el alma o los bíceps. De cómo veía en cada cuerpo desnudo la propiedad invaluable de un templo que elige a qué o a quién venerar.

10 comentarios:

calma dijo...

Me encanta cuando narras historias y mezclas gentes, vidas, hechos, tu prosa es siempre formidable, a cada personaje le llenas de sentido, nos muestras tu singular forma de escribir y tu riqueza de vocabulario.
Besos Karina

Codorníu dijo...

Torrencial. Me ha parecido que estaba leyendo a los grandes maestros latinoamericanos. Me ha gustado la aguja que enhebra todo el texto. La misma que desenhebra los vestidos de cada cual. Una idea ingeniosa.

Besos.
Codorníu.

TORO SALVAJE dijo...

Ay Karina.
Ya lo ha dicho Codorníu.
Yo he tenido una impresión parecida.
Eres grande.

Besos.

Malvada Bruja del Norte dijo...

Tremendo tu texto de hoy. Revindicativo, con fuerza, con tristeza que llena el alma, sin embargo de esperanza y solidaridad. Karina, hoy eres más Karina que nunca, porque tal vez después de todo, la ilusión de un nuevo mundo pase por la sutil forma de volver a mirar.

Besos.

-Pato- dijo...

Me sonrío con ternura, con admiración :)

¿Y todavía te lo preguntás?
Tu oficio es escribir Kari.

Me gustó tanto ver con tus letras esa muestra de fotos.

Besos.

Lena dijo...

WoW, Miss Androvich.

Genial.

(El neonazi boliviano...el borbotón de imagenes en flash, duras, sinceras, crudas, reales, lo que vemos cuando paramos, lo que se empeñan en ocultar, en negar, en abolir....el mundo y la vida en ráfagas de palabras. Tus palabras, la palabra).

Fantástica, Querida.

Bárbara.

Besitos!!!!!

Marina dijo...

Diablos! Qué bien escribes! Me acompleja leerte, Karina.

calma dijo...

Gracias Karina, muchas gracias por tu felicitación, es un cumple un poco especial, lo ha celebrado ayer ya con la pandilla de amigos porque el viernes la operan, pero bueno, aunque un poco nerviosa, lo ha pasado genial, hoy toca con la familia.
Un beso enorme de las dos para ti

Fero dijo...

Veo que encontraste tu birome.

Y menos mal que lo hiciste porque lograste una narración extraordinaria, fuera de lo común, como todo lo que haces. Maravillosa.

Me encanta leerte.

Gracias por tu palabras en mi blog. No imaginas el bien que me has hecho.

un abrazo.

Anónimo dijo...

Me impresionó mucho este texto!

Felicitaciones