viernes, 13 de febrero de 2009

TRUCHAS


Toda organización social se basa en conveniencia particular.

La emancipación de la individualidad es la única esperanza de libertad.

Ahí en nuestros deseos yace muerta la llave que abre la arcada. Habrá que resucitarla. Es mucho más complejo que hacer la revolución, la paz o el amor.

No hay salvador fuera de sí.

La idea fija es la que dicta la acción y la vuelve deseo irrefrenable, estrategia, necesidad, camino, sentido, realidad.

Dime tus mitos y qué haces por ellos día a día y te verás al espejo. Dime en qué crees y te dirás quien eres. Sólo el poder transformador de nuestros actos nos irá puliendo en la espesura.


...


Había una vez un navegante nacido en las tierras de una isla habitada por gente temerosa del mar.

(Que ni siquiera pescaban por el temor de revolver las aguas)

Se decía que las aguas, llegada la zona de las corrientes, engullían hacia lo profundo a quien sea que las cruzara. Y que revolver el mar era señal de desgracias. Por eso es que estaba prohibido introducirse en él, incluso hasta pescando.

Hacía mucho tiempo que su naturaleza lo llamaba a la navegación y que construía una barca que pretendía navegar.

(Había mirado el mar 325.000 horas, se llamaba Hanks e incluso había pescado de contrabando y comido trucha sin malestar.)

Llegó el momento en que estaba preparado, con sus ansias a punto. Tenía la barca lista, una cartilla de la zona que había dibujado cuidadosamente, una brújula y provisiones.


Hanks trató de conseguir tripulantes para su expedición, pero todos rechazaban el desafío y lo tomaban por loco. Le decían que moriría irremediablemente, que lo olvidara, que su destino era la quietud y el aceptar de buen grado la belleza de la tierra. Pero el capitán tenía alma de mar y si no conseguía tripulantes estaba decidido a hacer el viaje solo, desconfiaba de las habladurías malignas de las aguas y quería navegar. Amaba el mar. En tal caso, se decía, moriré por mi causa y lo haré con honor, ya que estoy plenamente convencido de mi necesidad de mar, acá en la tierra moriré de hastío y no podré compartir con nadie mis verdaderos pensamientos y corazón.
Y zarpó.

Era la madrugada del 3 de febrero del principio de los tiempos.

Nunca se supo más.
Ninguna noticia llegó a la isla. El capitán jamás volvió. Lo dieron por muerto. Los jefes alzaron la sospecha de que había sido devorado por los buitres, fortaleciendo la leyenda del poder engullidor del mar y de sus peligros.

Un día un niño juró ver la barca de un hombre solo flotando apaciblemente a lo lejos y a lo primero que atinaron fue a bajarle la fiebre, pero el niño estaba sano y seguía hablando de aquella barca que todos asociaban a la del capitán Hanks. Entonces intentaron por todos los medios, hacerle entender que aquello era imposible y que seguramente debía de ser una visión imaginaria, pero el niño insistía en su visión y juraba su veracidad contra todos los argumentos.

Los jefes de la isla vigilaron las costas por turnos durante semanas enteras ante la insistencia del niño, pero no vieron nada y lo obligaron a desdecirse de lo dicho públicamente, cosa que el niño hizo, pero sus ojos eran tan límpidos y sinceros que dejaban ver claramente que igual seguía creyendo en lo visto.
Los jefes sabían que a sus espaldas una gran ola de agitación corría entre los habitantes de la isla que se interrogaban por la veracidad de la barca del viejo Hanks, por lo que hicieron correr el rumor de que el niño enloquecía y todos los habitantes comenzaron a tomarlo por loco, porque no había quien al escucharlo, mirando sus ojos, no le creyese. Y lo tomaron por loco para no tener que mirarlo fijamente.

Entonces el niño comenzó a sentir el llamado de su naturaleza de mar y comenzó a construir su propia barca en secreto hasta que se hizo hombre.
Sólo quería dar con la barca del viejo Hanks y unírsele. Su imagen lo recordaba como el ser más pleno que jamás haya conocido, y del mismo modo trabajaba en su barca para serlo, atrayendo a otros pocos que se le unieron en secreto a su creencia.

Llegado el momento en que estaban preparados, zarparon de la isla juntos dejando una carta en cada puerta que decía:

- Somos tres continuando el intento consumado de Hanks. Lo hemos visto y allá vamos, pues tenemos alma de mar. Hemos pescado y no ha pasado nada, hemos cocinado pescado y sabe más que bien, hemos saludado a Hanks varias veces y él nos ha saludado. No hay temor. Adiós.

De locos pasaron a ser tildados de revolucionarios.
El temor al mar trocó a signo de interrogación.
Los jefes de la isla quemaron las cartas ante los ojos de todos diciendo que éstas eran las desgracias que traía el mar revuelto por la mano del hombre: atraer el tiempo de las dudas. Interrogaron a sus allegados, cercaron a sus familias, vallaron el mar y fortalecieron el mito de las aguas engullidoras, con la introducción del personaje sirena y su atracción seductora, maléfica y cegadora por lo que aconsejaban, además, ni mirarlo.

Resultaba ser que hacía rato cenaban truchas en secreto y planeaban construir un acueducto hacia el continente para comercializarlas.
Eran verdaderamente exquisitas.

9 comentarios:

Lena dijo...

JAJAJAJAJAJA!

Muy pero muy bueno, Karina.

Tal es la naturaleza de unos,

y tal es la naturaleza de otros.

Ante eso, la libertad de ese mar que siempre es poesía.

besos, guapa

calma dijo...

Hermosa historia, lanzó mi imaginación a ese mar y oteo las actitudes de unos y otros. Así somos, unos más cerca del mar que otros...vuelvo a leer Karina, porque creo que esta maravilla tiene varias lecturas.
Besos

Codorníu dijo...

Pues más o menos como en tantas ocasiones a lo largo de la Historia.

Unos, los pobres, queriendo indagar, experimentar, buscar...

Otros, los "listos", queriendo mantener la oscuridad para hacer negocios en lo ignoto.

Qué lástima.

Un beso, Karina.

-Pato- dijo...

Ellos ya habían encontrado la pepita de oro, mirá que iban a querer compartirla con el pueblo, mejor el miedo.

Por suerte siempre hay gente que se anima al mar.

Besos Kari, me mató el final :))

Jorge Arce dijo...

Que bueno!! Me quedo con "No hay salvador fuera de sí". No es necesario decir más... es absolutamente fuerte esa frase. Un besooo

Aye dijo...

Es cierto. "No hay salvador fuera de sí" es una frase tan fuerte... Hace ver que si no es uno quien se atreve a tocar el mar, a mojarse apenas los dedos para luego zambullirse en él, entonces no habrá nadie que lo haga por uno, no habrá nadie que nos inste.
Creo que deberíamos ser más atentos a estas cosas cuando necesitamos un apoyo. Deberíamos hacer oidos sordos a los falsos jefes y oír ese murmullo verdadero que nos lleva al mar.
:)

Bonita historia Kari!
Besos!

TORO SALVAJE dijo...

Tal como el mundo.
Una historia magnífica.
Parece un pasaje de la Biblia, pero mejor, no me lapides...

Besos.

Malvada Bruja del Norte dijo...

Karina...MAGNIFICO,SOBERBIO...

¿Has visto al película de City of Ember? Tu cuentito de hoy me la recordó. Los poderes fácticos siempre intentan subyugar y controlar a base del miedo...pero por suerte siempre hay alguien que grita: NO ME LO CREO!

Javier dijo...

muy buen relato...
algo asì le pasa a la gente de muchos lugares, por suerte hay quienes estamos seguros de dar màs pasos de los que la mayorìa se atreve... aunque no vayamos tan lejos como el navegante de tu cuento...
saludos