Collete tanteaba los utensilios de cocina y se preparaba lo indispensable para sobrevivir.
Enjuagaba el tomate justo lo necesario como para quedarse en el centro exacto de la duda de entre que no estuviese lo suficientemente limpio y que pudiese intoxicarla, o de que, quizás, estuviese lo suficientemente libre de impurezas como para que lo tolerase.
Recalentaba al menos cuatro veces la salsa que cocinaba semanalmente para las pastas, sabiendo que no debía hacerlo más de una vez por las toxinas de la putrefacción que podría generarle el microondas a la salsa. Pero nunca se había intoxicado.
Vivía en un barrio peligroso y lo mismo optaba de acuerdo a la vacuidad de su estado por volver en remís o por esperar en plena noche el colectivo en una esquina desértica y caminar las cuadras oscuras hacia su casa desprotegida y tranquilamente pasada la medianoche en total calma entregada a lo que tenga que pasar.
Ella sabía lo que hacía y no estaba segura de pensar que estuviese mal, aunque a veces lo pensaba. Otras en cambio pensaba que estaba bien, que las cosas que tuviesen que pasarle le pasarían de todos modos. Tampoco era que lo hiciese por despecho.
Muchas veces, también, era de sentir que aún teniendo mucho sueño, lo mejor era no dormir y se ponía a garabatear en una hoja las anotaciones de sus contradicciones para hacerse compañía. No había nada más que le gustara hacer, era lo único que la sacaba del tiempo por propia voluntad.
Y ella buscaba eso.
Esto le pasaba desde su ruptura con él, a quien recordaba cada día al menos 11 veces desde hacía un año y dos meses.
Se habían separado del modo más minimalista. Ella le había enviado un mail que decía, “Me retiro, adiós.” y a los dos días, él le había respondido otro que decía, “Entiendo Collete, como si fuese tan fácil”.
Jamás pudo comprender qué podía significar aquello de que “entendía”, ¿qué será lo que habrá entendido? se preguntaba, pero le satisfacía la idea de que le haya expresado aquello de que le iba a ser difícil...
(continuará)




7 comentarios:
Si,esas retiradas que son más que a tiempo, a veces forzadas y en las que se tiende a no entender nada... bueno, estoy un poco espesa hoy, ayer me pasé de copas con la celebración, y no, no me voy Karina, sigo con calma...
Besos y gracias
Hay minimalismos aún más extremos que hacen añicos.
O papelillo.
Collete...me gusta el nombre....y el texto...me gusta mucho.
Besos
(gracias por tus palabras....me elevas...)
(yo llevo el barrio peligroso adentro)...
¿cuantas veces no nos ponemos, en medio de nuestros insomnios, a garabatear en una hoja las anotaciones de nuestras contradicciones?...
Si Collete no es nadie, o si lo es, igual representa una parte muy humana del ser humano: la soledad autodecidida.
"Me retiro", decía.
Y es verdad que no es fácil.
El otro día le comentaba a Calma, que algunos llevamos en la piel "RESISTIR".
Yo creo que tú eres de esas personas.
Un beso, Karina. Buen finde.
Codorníu.
(Me ha gustado mucho)
¡Qué bien has manejado la tensión!, sabes que algo le pasa al personaje, porque parece que nada le importe lo más mínimo. Después piensa que tal vez sea un tanto zen ("lo que tenga que pasarme me pasará"), finalmente entiendes...el desamor, y qué feo que haya sido por e-mail...Tal vez sea por culpa de Hollywood, pero prefiero las cenas con copa vertidas por encima del susodicho, o bien los libros y cd's tirados por la ventana o... mejor lo dejo aquí :-)
Después me pasaré para leer la siguiente entrada...sólo quiero que sepas que cogí al vuelo la sugerencia del antídoto contra el desamor del comentario de mi último post y estoy escribiendo una historia, como una secuela, parto de la chica "engañada" y el conjuro contra el desamor...la colgaré este finde, ya me dirás.
Un besote y gracias por la sugerencia.
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