Sostenerme en la carencia constante
tibia
perpetua
suave.
En este deambular forzoso sobre la nada con una sonrisa de viento.
Discurrir con el aire cualquier otra apreciación.
Ser y dejarme a no ser.
Percutir el umbral del vino.
El clavo no se entrega enteramente a la madera o dejaría de servir, así como la vida no se entrega enteramente a la vida o dejaría de ser vida.
Momento a momento.
Como el ave que migra de calor en calor para anidar o el sol que viene para irse lento.
Con intermitencias.
Así como cae la lluvia de pausada entre gota y gota,
entre viento y viento,
la palpitación un rato.
El silencio para que ocurra la mirada.
El hueco antes del encuentro,
el escalón del no tacto, para el contacto.
De pequeñas muertes estamos hechos.
miércoles, 21 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




7 comentarios:
Me ha gustado todo el poema, pero con el primer verso y el último tienes un minipoema de escándalo.
Besos Karina.
De pequeñas muertes y de pequeñas vidas. De los destellos de esos pequeños momentos nos vamos haciendo.
Besos.
"El silencio para que ocurra la mirada..." ese es mi verso.
De ahí saco yo un haiku:
El silencio.
Para que ocurra la mirada:
el silencio.
Un beso, guapa.
Yo me quedo con éste Karina "En este deambular forzoso sobre la nada con una sonrisa de viento" pero vamos... todo el poema entero es de 10.
Abrazos
maravilla. maravilla.
extrañaba leer esto....
un abrazo de corazón,
de mi pequeña muerte
a tu vida entera.
Estoy con Toro, primeras estrofas y últimas geniales para tener vida propia.
El resto muy lleno de lucha de opuestos, como la vida misma.
Un beso!
Las pequeñas muertes, las carencias, y siempre la pausa que nos deja fijarnos bien en los intersticios, en los huecos del movimiento furibundo... Besos.
Publicar un comentario en la entrada