
A es a B como mi incapacidad para contar lo que me pasó en estos días es a equis. Y la ecuación lleva complicaciones decimales severas pero algo tengo que contar, me lo propongo.
Podría decir primero que mi hijo no quiere ir a comprarme yerba en este bendito momento y que eso me dificulta la tarea. Que acusa que es el mediodía y que no quiere que desayune a esta hora. Igual no me sirve. Acaba de decirme ahí voy.
Por lo pronto hasta que no llegue un mate humeante a mi boca no voy a llegar al nudo de la cuestión, pero sí empezar con los suburbios. OK. Tiene que ver con eso. Con la energía erótica-revolucionaria que te hace creer o decir la palabra amor. Error. Digámosle mor. (Nunca debe pronunciarse por completo, nunca debe ser leída por completo, nunca se abuse de ella, nunca se la desee en demasía, nunca se la violente, evítela. Haga como que no está. Es una palabra que ocurre, que solo debe ocurrir, nombrarla es su talón de Aquiles. Porque nombrarla es limitarla, es darle contornos, es ahogarla, es achicarla, es concientizarla. Concientizarla es fabular según la maldita conveniencia individual y con eso descuartizar el embrujo perfecto).
Eso digo yo y me va bastante mal, así que para qué seguir?
Cómo hablar de esa palabra si digo que no hay que nombrarla, que no hay que concientizarla, que no hay que siquiera imaginarla en lo posible, cosa que me es imposible, cómo no sentirme desconcertada una y otra vez? Y he aquí un festejo. De nuevo la creencia, mi creencia. Eso es bello, volver a la adolescencia, qué bálsamo, nervios, sudor en las manos, taquicardia, risa que rebalsa. En fin, renuncio a mi visión de cronista y no decepciono porque nunca lo he prometido. Contar el nudo sería posible si hubiese llegado la yerba, pero el kiosco le resultó impenetrable al pequeñín que ha vuelto con las manos vacías por motivos que no vienen al caso. Contar el nudo sería algo así como… un moño rojo, una metáfora, porque en la conjunción de dos seres se necesitan particularidades infinitas para creer asir relativamente solo un poco a la cuestión, cosa que sin el mate y ya lo dije, me es imposible.
Una lástima.
Romper el desconcierto y escribir algo que por suerte será leído por alguienes es decidir decir algo relativamente concreto y trascendente de la forma adecuada. Hablar de los rebotes que la palabra en cuestión realiza en cada mente, en cada cuerpo, en cada cara, en cada sueño de alguien, sería transcribir un tratado de posibilidades infinitas y no quiero.
Claro que no quiero nada más que contar algo, quizás, ambicionar adivinar ese, aquel nudo, tal vez, quizás, con alguna palabra digna... Igual no puedo.
No la amarro.
Desde que estoy acá sentada pienso en el mate faltante y las letras se reparten solas por lo blanco como jugando a no decir. Bien. Es eso.
Hay un viento exagerado y me encantan los ruidos que hace, son fantasmagóricos y eso me remonta a mi infancia, donde abundaban las sensaciones y no había tantas palabras, donde las palabras eran como cuadros de rompecabezas para ser usados en cosas pequeñas, en juegos simples dónde lo que se ponía en juego era la creencia, la fe ciega, donde toda funcionaba bien y no había huecos ni pretensiones más que las de algún juguete, golosina o paseo para redoblar la magia. Porque uno siempre era mágico, me acuerdo que no faltaba nunca a la cita con mi cuerpo, ni con mis sueños, que los sueños eran actos que se dirigían hacia donde se apuntaba, que no había imposibles, porque se volvían posibilidades rotundamente posibles casi al instante.
Hay un viento exagerado y me encantan los ruidos que hace, son fantasmagóricos y eso me remonta a mi infancia, donde abundaban las sensaciones y no había tantas palabras, donde las palabras eran como cuadros de rompecabezas para ser usados en cosas pequeñas, en juegos simples dónde lo que se ponía en juego era la creencia, la fe ciega, donde toda funcionaba bien y no había huecos ni pretensiones más que las de algún juguete, golosina o paseo para redoblar la magia. Porque uno siempre era mágico, me acuerdo que no faltaba nunca a la cita con mi cuerpo, ni con mis sueños, que los sueños eran actos que se dirigían hacia donde se apuntaba, que no había imposibles, porque se volvían posibilidades rotundamente posibles casi al instante.
En fin.
Tiene que ver con eso.
Pero debo abandonar y retirar las milanesas del horno, al fin y al cabo él tiene razón y en mediodía se debe almorzar.
Y si lo dice un niño, es.
(Verborragia, sólo verborragia, que no se crea que me he sentido la maga)




7 comentarios:
Conseguiste tu propósito. Algo has contado y muy bien por cierto.
No sé lo que te pasó estos días pero tiene la pinta de haber removido tus cimientos.
Besos Karina.
Yo te llevo el mate.
Tu pon las milanesas...
Y juntas vemos cómo le damos una buena enjabonada a la verborragia, al mor y a los que haga falta...
Besitos
Me basta con que vuelvas, te extrañé!!!!
(Juro que la próxima traigo mate :)
Te digo que a pesar de la falta de mate el texto te quedó de perlas.
Besos.
Cortazareando....
con la misma adicción al mate de Horacio, y "ese pocito verde"...
Bueno, ya lo ves, lo Real no puede ser dicho...es una constante...buscar el centro estar afuera, recaer, no darse cuenta...
chau
imprimí tus palabras,
para leerlas con calma.
me ha gustado leer ese algo relativamente trascendente y escrito de la forma mas adecuada (o inadecuada; ese hablar en rebotes de palabra en palabra.
Me has roto el desconcierto.
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maravilloso, en serio.
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un beso de mor para ti.
...Y bueno, tenés derecho a sentirte la Maga siempre que quieras... Curiosa coincidencia: una carta de amor te espera en mi blog, y más que Rocamadour, el patrocinio parece de los paredros... Besos.
Hay que hacer lo que sea, cuando vuelven a por nosotros los olores del horno, las simientes de los juguetes que crecen alrededor.
un lobo imposible.
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