Ana empuña su monóculo y sospecha.
No hay lazo, no hay cuerda,
Eso lo sabe y está bien.
Es algo oculto que no se ve.
Se hace punto suspensivo y especta.
Viaja rasante por el abdomen, rueda, nada visible puede ser o de lo contrario se habría dado cuenta, el olor no es, aunque podría ser, lo que no cree es que tenga nada que ver con la cicatriz de la ceja.
No hay lazo, no hay cuerda,
Eso lo sabe y está bien.
Es algo oculto que no se ve.
Se hace punto suspensivo y especta.
Viaja rasante por el abdomen, rueda, nada visible puede ser o de lo contrario se habría dado cuenta, el olor no es, aunque podría ser, lo que no cree es que tenga nada que ver con la cicatriz de la ceja.
Roce.
Despegue.
Luz apocalíptica.
Aliento de Octavio la vuelve comilla.
Huele a mar
.
Ahora nariz husmeando en la penumbra de ese aire y no, tibio, salado, limpio, normal, quizás más atrás,
ahora soplo de aire hecho boca adentro, región dulce, salivosa, no corpúsculo de duda, no lazo guardado, cintas de bordes fluorescentes, nada más,
rodar en un arbusto de cuerda tibia, un re, fluorecer otra vez, más allá,
luz anuncia vueltas, girar, resbalar, piel, succión, succionar, degustar, salir por la oreja, balbucear,
verle abrir el ojo izquierdo erotizado, avanzar por el cuello, volver a los labios.
Lo nada oculto queda olvidado.
Memoria es el dedo que recorre su pelo, frente-cejas-ojos-pómulo-mentón-yugular, el cuerpo que vuelve a su cuerpo,
se incrusta,
la boca que moja su boca
y despierta,
los bordes, el encastre, lo que flota, las vueltas que van tejiendo la trenza,
la sábana que hamaca,
el alarido,
la humedad que rebalsa, la percusión, el ritmo, el piercing del ombligo, los nudos, los pasadizos, los líquidos, el sortilegio, la fuerza, el impulso, el giro, el vuelo y todos los miles de miles de brillos alquímicos que giran entre los giros del aire del tiempo de todos los siglos.




2 comentarios:
Desde luego, no sólo Octavio se hace aire. Los dos, Ana y Octavio se hacen aire los dos. El mismo aire. Y el tic tac se para. Se detiene en la eternidad de alaridos susurrados que coronan esa danza. Y ahí cabe toda la calidez imaginable, en esos secretos de Ana y Octavio que se pueden ver con esencia de placer gracias a la precisa cuenta de palabras sensitivas que nos dejas... que son como diamantes sin dureza.
Besos
A mi Octavio se me hizo gigante y Ana como una hormiguita recorriéndolo, dándole forma con sus pasos de hormiga, sembrando huellas de miguitas de pan para saber que por allí anduvo o para poder volver.
Octavio para mi es una casa estilo normando, ja!
Besos.
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