Cuando uno se siente extranjero dentro de su cuerpo, viéndose al espejo o al ser que ama y si mira para atrás no ve nada extraordinario, debe hacer algo.
Al menos desesperarse.
Sino de extranjero se pasa a ser un impostor.
Porque cuando algo pasa uno tiene el deber de notarlo, buscar algo, un cambio, deducir un síntoma, tratar de no enfermar, de no ir en contra de sí, algo. Ser un impostor debe tener que ver con algún estado que empuja a otra cosa, con algo que uno se quiere sacar de encima, con una molestia al menos.
Suele pasar.
El tema es hasta dónde y hasta qué punto uno intenta algo con respecto a eso, porque en definitiva uno se levanta y algo hace, así que algo debe estar buscando, al menos transcurrir. Y por qué transcurrir con esa molestia encima? Porque molesta, es así.
Y la vida es como una pizza porque uno siempre corre el riesgo de comerse una sola porción, quedar conforme y morirse tranquilo, como si la tranquilidad fuese un signo de madurez o de algún otro adjetivo valorable. Pero se muere con el aroma de la pizza que queda sin comer.
Esa es la ley irrefutable.
Y que podría ser tarde. Siempre. O no. Y si es tarde se podría perder, o no, aunque a veces perder es ganar o se podría ganar creyendo que se ganó, pero habiendo perdido, que se yo. Muchas veces, todo. Uno puede hacer algo, buscar algo, encontrar algo o no hacer nada y todo hasta un cierto punto, el que ya se sabe, pero no se sabe cuando llega.
Entonces: Qué?
No se sabe nada.




4 comentarios:
¿Y cómo vencer esa tendencia hacia la percepción de lo que resta? Se me ocurre una única solución: la estupidez. Sólo que hay un problema, la estupidez no se puede adquirir como unos pantalones o una tarta, tiene poco de voluntaria. Tal vez entonces se trata de un mal crónico, incurable, algo que resulta amargo y que nos lleva de vez en cuando al desencanto. Pero ¿cómo degustar una porción de ese manjar sino con la eterna sensación de que aunque nos colme siempre quedará más? Es cierto que no se sabe cuando llega y que se cree saber el punto adonde se quiere llegar pero ¿no es tal vez como la ventana de la utopía? ¿Lo que escribió Galeano?
"Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar."
Me encantó tu reflexión, lo he sentido tantas veces de forma tan parecida.
Un beso
Los leo. Los siento. Los escucho. Me hacen bien.
Transcurrir con molestias es como caminar con una piedrita en el zapato. Uno en algún momento termina caminando descalzo o tirando la piedrita.
Besos.
"al final eso es lo que cuenta, en tus ojos había tormenta"
Este AC un día va a terminar conmigo.
Mas besos y sonrisas que duran...
Al final parece que sean las pizzas las que se nos comen a nosotros: ellas nos eligen, desde el otro lado del espejo, y se dejan comer con carita de ser bien inocentes... Casi mejor que les sigamos la corriente... Besos.
Publicar un comentario en la entrada