miércoles, 24 de septiembre de 2008

SHAMPOO

Había pedazos de barba y bigote, una tarjeta, una pinza de depilar y un cordero. Algo de dentífrico verde, un pelapapas y un reloj de arena. También un grillo. Una muñeca sin cara y una cinta roja a ovillar. Un pasillo largo, perlas caídas, un juego de ruleta y botas, pasos de botas.
Y un espejismo tipo idea fija.
Y un boleto de colectivo.
Y la sensación de la lluvia cayéndole sobre los omóplatos. Todo estaba ahí conjugado alrededor de esa angustia sin cara que le ocupaba el seno izquierdo.
Los intoxicó a todos con shampoo.
Clavó específicamente el dedo índice sobre la muñeca sin cara (porque no era negadora) y disolvió absolutamente todo el volumen de su estructura bajo la espuma, a su vez el mayor izquierdo pujaba sobre el boleto y el derecho sobre la tarjeta y después de deshacerlos por completo, entraron en colaboración con los anulares que ya habían comenzado con la desintegración de sólidos. Los dedos gordos comandaban el operativo presionando sobre el occipital simétricamente y a su vez aplanando el espejismo.
El dentífrico se había camuflado con el shampoo, igual que los restos de barba y bigote por lo que era imposible distinguirlos, así que no quedaba punto alguno que no fuese el enemigo. Si los dedos perdían el epicentro del combate, lo mismo seguían trabajando en la posición que sea. Por todos lados se estaba en guerra. No había milímetro de pelo inocente. Los refriegues eran enérgicos y a ciegas, extremos y rasposos, sobre todo con los problemas que hubo con el juego de ruleta que empezó a tirarle números para abajo, el 3 no fue nada, pero después le largó el 8 que es mucho más robusto y pesado y se le quedó atrancado en el medio de la cara succionándole el oxígeno de la nariz. Esto inauguró el tumbamiento en el piso y la lucha cuerpo a cuerpo. El 8 se adhería como una sopapa y ella lo mordió, lo escupió, lo rasguñó, lo tironeó, lo tenía todo enjabonado pero nada, hasta que le clavó la pincita de depilar de sopetón y lo pinchó, el muy puñetero era tan apestoso que hasta la pincita se fue por la rejilla sola después de tocarlo.
Eso fue lo peor y a su vez lo mejor, porque con tal grado de determinación, le fue sencillo acabar con todo lo demás, hasta el pelapapas que parecía imposible lo desintegró fácil con la mano agrietada de un solo intento.
Al cuero de las botas se lo comió y con la arena se hizo un masaje exfoliante que le dejó la piel como un pétalo de rosa. Tuvo un espasmo al notarlo. Se enjuagó la cara y se vio ahí tumbada, entre la espuma, la esponja vegetal y la goma del 8, recién acabada de todo, con la piel tersa y suspiró.
Se puso a cantar junto al grillo que durante toda la batalla había cricado la marcha de San Lorenzo y se había puesto de su lado.
El cordero había escapado y el reloj de arena seguía funcionando.

8 comentarios:

cronopio44 dijo...

¡En guerra con los objetos para conquistar el propio cuerpo! El cuarto de baño es el escenario ideal para todas las batallas... Besos.

Lena dijo...

Mi angustia sin nombre y con nombre siempre se ensaña con el pecho izquierdo...es horroso...

Tu texto, no, Karina...lo que escribes siempre me maravilla.

Besos, Guapa, hasta tu primavera!

Jorge Arce dijo...

Disfruto mucho lo que escribes. Lo disfruto desde los sentidos y las imagenes que se tejen entre tus palabras..

Un abrazo!!

-Pato- dijo...

"Los dedos gordos comandaban el operativo presionando sobre el occipital simétricamente y a su vez aplanando el espejismo".

Qué maravilla Kari, desarmaste un espejismo a fuerza de mano y shampoo. Ya mismo voy a ponerlo en práctica, voy a batir bien a ver si así...

Me gustó muchisimo este texto.

Y ni te cuento el MARCO, me parece alucinante :)

Nos vemos, besos.

zooey dijo...

No sé si les ocurre a todos los seres vivos, o si les ocurre de la misma forma, pero la verdad, creo somos una especie hasta cierto punto extravagante según cómo lo pienses. Tenemos un mundo de nosotros para afuera y adquirimos cosas voluntaria e involuntariamente, y luego es como si al llevarlas para adentro construyeramos una especie de microcosmos con todo ello. Desde luego, es delicioso, un verdadero deleite dejarse llevar por la lectura de tus galaxias, la forma de la escritura lo facilita y el fondo es seductor. Contemplando la concepción dual corazón-cerebro, no sé si es aquel el que pone orden en las percepciones de este, contrariamente a lo que se piensa, o viceversa. Siempre utilizo la ducha, pero muy de vez en cuando, quizá una o dos veces al año, me doy una sesión privada de espumoterapia, agua casi hirviendo, música clásica, puede que un rato de lectura y tiempo... bastante tiempo en el agua. Siempre acaban todas las cosas flotando lentamente y sin orden entre las micronubes de vapor. Simplemente quedan ahí, sin conclusiones, sin análisis, sólamente está todo ahí flotando, lo de aquí y lo de alá, lo de esta zona y lo de aquella. Y así lo dejo estar, sin más. No puedo decir nada especial de mi pecho izquierdo, pero sí que 38 me parece un número precioso, se mire como se mire.
Un beso

zooey dijo...

Alá no tiene nada que ver con ésto, quería escribir "lo de aquí y lo de allá", ¡ah! y ya que estamos, el "éste" de "percepciones de éste" es obviamente con tilde.
:)

Georgia dijo...

Cuanta imàgen tiene este texto, es realmente maravilloso; amén de la batalla entre los cuerpos y los objetos

saludos

Georgia

Georgia dijo...

Cuanta imàgen tiene este texto, es realmente maravilloso; amén de la batalla entre los cuerpos y los objetos

saludos

Georgia