Vang Gogh dijo: Tengo una gran necesidad de religión... entonces salgo afuera, durante la noche, a pintar estrellas.
Yo digo: Tengo una gran necesidad de religión, entonces te encuentro ahora y nos besamos estrellas en la boca.
Mediodía pasado del 14 de diciembre del año octavo del siglo 21: Hoy un milagro ha acaecido en el tiempo y se ha incrustado en el mundo haciéndolo mejor.
(Ganas de moverme despacio para que no se deshaga el hechizo, por las dudas, menos por un movimiento brusco de mi lado.)
14.
La madrugada del 14.
(Todavía no logro despegarme una risa que parece ser congénita. )
Voy hacia atrás, muy atrás, muy rápido y avanzo más que siempre, más que nunca, hacia todos los tiempos. Soy inmortal. Soy todo el universo, si lo pienso. Me remonto a la fuerza de lo que fue vital y se creía perdido.
Soy todas las que fui y sólo soy, no hay otro espacio. No tengo historia.
No hay segmentos de nada, no hay manchas, ni grietas, ni ser más inmenso que yo, hoy acá, sola en mi casa vacía y nueva, soleada, escribiéndote, tratando de que no se me olvide nada de este milagro que yo ansiaba vivir antes de morir para sentirme incrustada en este maldito bello mundo. Y entonces te encuentro y nos rebalsamos estrellas en el oído, risas de estrellas en cielos irreales de colores fuertes, tornasolados, definidos, fluorescentes.
Se me caen los sueños, podría regalarle uno a cada uno que quisiese uno, sólo un sueño de esta medida para tenerlo todo, para ser todos los hombres y todas las mujeres y todas las horas de todos los tiempos.
Hoy el universo está más limpio, no puede no notarse, no puede todo ésto no irrumpir sobre el hastío. Su fuerza de lanza artesanal destroza las barbaridades, eleva a la categoría de milagro lo bello elevado a la potencia de lo posible.
14 de diciembre del año octavo del siglo 21.
(Faltan 15 horas para pintarte estrellas en la boca, en los párpados, en tus cejas, en tu oído, en cada poro de vos, en tus sueños, en toda tu poética. De amar y rozar y dibujar cada milímetro de tu inmensidad. )
Me gustaría que el Apocalipsis quisiera ocurrir para sólo mirarlo y que nos vea y se arrepienta.
Me gustaría regar tu mapa de estrellas.
Todo tu mapa, de soles, de lunas, de campos de girasol, del vino de la copa que tocó tu mano, la copa de tu casa que voy a conocer mañana.
(Mañana retumba con el eco de una caverna profunda y arcaica cercana a alguna playa sin tiempo. Mañana es todas las palabras, mañana es el velo que se descorre hacia el infinito y el telón del escenario de mi mejor acto. )
Escribo desnuda, recién bañada y sobreabundo. El pelo me chorrea sobre la pierna, mi espalda encorvada se rinde a buscar entre las teclas algo. Pienso en mi taquicardia, en lo que debería estar haciendo y no puedo hacer, en que no puedo hacer nada más que lo que estoy haciendo, reconstruirte, reconstruirme, segmentar segmentos, cortar fotos, recortar, pegar, unir, transcribir, reconstruir, regenerar, resaltarle los bordes con fibrón, decorar, desalterar el poco brillo que le quedan a las palabras dichas así, siendo tan poco poco, tan poco dignas, tan pobres y esmerándose como pueden, buscando el germen sin querer, sólo queriendo asir, queriendo acumular, queriendo armar la torre, la torre que no estaba y ahora es mi más alta, mi única, mi siempre, mi fortaleza, mi marca, mi inmortalidad precaria.
Unir, hilvanar, coser, fortalecer costuras y a su vez dejarlas lo suficientemente flojas como para que respiren.
El escalón del no tacto, del viento en la cara de la espera ansiosa, la incertidumbre de cómo será que pasarán las 15 horas que faltan para… no sabría cómo decirlo, para… ser más ésto que soy acá, ser estar, constatar, pellizcar, que grites, ver cómo te reís, si te reís, tu voz al natural, tus manos cómo son, tu piel, sentir tu sexo, tus curvas, tu ruta, tus imperfecciones, besarlas, divagar, leer, delirar, curiosearte, para volverte a anhelar.
No acabarte nunca, verte por millones de espejos multiplicado, adivinarte, intuir en tu infinito el mío y resucitar al tercer día de entre los muertos para honrar la verdadera potencia del poder de la grandeza de la infinitud del milagro de ser humano.
Y ser la maga, poder ser la maga habiendo sido la maga siempre, mi maga en tu casa pequeña llena de libros. Tomar vino, emborracharnos en tu cama y seguir, y poder más y que nos venza el sueño, abandonar dormidos entre tomos caídos, caer vencidos, amarrados, revueltos, revolucionados, piel y piel, olor y olor, juntos, remezclados, devorados, entre tus susurros en mi oído, entre mis jadeos y los sueños y el milagro y el humo y más cigarrillos y más vino y tus palabras soplando estrellas al oído y mis jadeos y el aire y el infinito y tu gato, saber si tenés gato, y no poder parar, como ahora, cambiada, nueva, pagana, saciada, llena de ganas, de taquicardia, jadeante de imaginarte, tecleando sin parar, sin querer, sin poder despegar, abultando en mi cabeza todo lo que no pude hacer y debí hacer que sé que se amontona, lo que tendría que haber hecho que ahora tengo que hacer y que voy a salir corriendo a hacer, llegada tarde por contar.
Porque que no me gane mi torpeza y que tenga la razón él, de que sí, de que puede ser.